En asuntos de irredencia, todo el credito
va a la historia, y no a los individuos. Los irredentos seran
los que sabran abrevarse a las fuentes de esa irredencia, y a
su vez la creceran. Quienes somos, quienes queremos ser? Somos
y queremos ser la crecida, por supuesto, pero aqui no se
trata --todavia-- de eso. La verdadera pregunta es: quien quiere
saberlo? Y luego: sabremos responder verdaderamente a las
preguntas falsas? Sabremos identificar a cada vez a los falsos
pregunteros, los neo-sofistas a sueldo de las policias ultra-modernas
del espectaculo? Para nosotros no se trata pues de escondernos,
anegados por una paranoia a la altura de los tan eficaces metodos
de esas policias, sino de protegernos concientemente de sus turiferarios
mas obvios, y de las putas intelectuales que nos rodean como una
baba envenenada que todo lo penetra y todo lo pudre.
Por el momento no somos muchos irredentos
en reconocernos en la irredencia conciente. Por razones obvias,
nos guardaremos de identificar a aquellos que lo son sin saber
que lo son. Es mas facil hablar de nuestros supremamente odiados,
inspirados ancestros:
Este rollo comienza para nosotros, por supuesto, en el cuarto
siglo A.C., con Socrates, el primer
irredento dialectico, el primero que la historia recuerda por
no haber sufrido la mentira y la sofistica del antiguo espectaculo
democratico helenico, y por haber pagado el mas alto precio por
ello: la vida misma. La cicuta Socratica es el antidoto universal
contra el compromiso con cualquier mentira dominante.
Pasan luego centenios antes de manifestarse de nuevo la magnifica irredencia del espiritu libre. Durante el medioevo, son los hereticos y anti-cristianos de todo calibre los que levantan su estandarte. No los conozco a todos, de modo que me limitare a mencionar a los mas sobresalientes:
Los Hermanos del Libre Espiritu
Next Page